CAPITULO
II
Una
semana después mi dolor había aumentado, ya, no hubo más latigazos
en mi espalda, durante 3 días dejé el daño físico, hasta que sin
querer abrí su chatt, no pude evitarlo, y comencé a leer, esos
primeros días, todo tan perfecto..., las lágirmas descendían por
mi móvil, y fue entonces cuando supe que necesitaba una vía de
escapatoria fácil.
Vi
unas tijeras sobre la mesa de mi habitación, las cojí con fuerza y
empecé a cortar mi piel, la sangre se mezclaba con mis lágrimas, no
eran muy profundas pero lo suficiente como para calmarme. Poco a poco
me fui quedando dormida en el suelo con una manta por encima.
A
la mañana siguiente me levanté con la manta llena de gotitas de
sangre y rápidamente la eché en agua para que nadie la viera.
Llegué
al instituto, y la verdad hacía muchisima calor pero yo no me quité
la chaqueta, una amiga lo vió sospechoso ya que ella sabe que yo soy
muy calurosa y nunca llevo chaquetas o sudaderas, hasta en los meses
más fríos llevo manga corta. Me acercó a ella y me levantó la
manga, miró lo que había hecho y me llevó a una fuente, me lavó
el brazo mientras me gritaba por hacerlo, pero a mi me dió igual era
mi unica salida, mi único camino a la tranquilidad. Esa mañana mi
amiga estuvo muy enfadada conmigo por lo que había hecho pero apenas
le hice caso, me quitó las tijeras que llevaba encima por si lo
volvía ha hacer, como si eso me importara.
7
Volví
a casa y esbocé una falsa sonrisa para que mis padres no se dieran
cuenta de que estaba tan mal. No comí, otro día más con el
estómago vacío. Subí a mi habitación y cerré la puerta hasta que
mis padres fueron a trabajar, me acordé de que mis tijeras las tenía
mi amiga así que decidí bajar a por el cuchillo más grande que
hubiera.
Comencé
a llorar, subí corriendo y comencé a cortar mi brazo, en el suelo
se formó un pequeño charco de sangre. Tras calmarme me levanté y
me lavé el brazo, limpié el charco y seguí con mi vida.
continuará
continuará
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